Problemas actuales de las Dehesas

Las Dehesas, en la actualidad, se enfrentan a múltiples problemas de índole muy diversa, que están poniendo en grave riesgo de desaparición la propia existencia de este valioso ecosistema.

Problemas que afectan a su arbolado característico, el Quercus, uno de los cuales, la llamada seca, constituye ya una de las principales causas de desaparición de miles de hectáreas de dehesa sin que hasta la fecha se haya encontrado remedio eficaz para combatirla.

Problemas en el ámbito sanitario animal, con incremento de enfermedades como la tuberculosis agravada por la coexistencia de especies silvestres y domesticas.

Problemas de empobrecimiento de suelos por múltiples factores entre los que se encuentran la sobrecarga ganadera, el desbroce abusivo, la roturación inadecuada, practicas de manejo del ganado incorrectas etc.

Problemas de falta de mano de obra especializada, que domine las variadas y múltiples funciones que exigen los distintos aprovechamientos de la dehesa.

Problemas burocráticos y administrativos que dificultan, cuando no imposibilitan, la adaptación a los nuevos tiempos y a los nuevos mercados: nos referimos a la imposibilidad de crear venta directa, y canales cortos de comercialización de los productos obtenidos a causa del exceso de burocracias y de normativas obsoletas.

Todos estos problemas traen causa de la falta de rentabilidad de la Dehesa, agravada por su erróneo tratamiento en la normativa comunitaria.

En efecto, la consideración de la dehesa como una superficie forestal dentro de la normativa comunitaria, ha motivado que la cuantía que se le reconoce como ayuda, sea limitada y no cubra, como sucede con categorías como los cultivos permanentes (olivar, viñas, etc.) el importe necesario para su mantenimiento. Este déficit estructural que presenta la dehesa, no puede ser sufragado con los ingresos procedentes de sus producciones, dado que el mercado no valora por lo general la calidad de sus productos, por lo que se está forzando a sus propietarios a vivir de actividades ajenas a la explotación de sus fincas, lo que deriva en el abandono de la mismas convirtiendo a las dehesas en territorios que no generan productividad ni empleo, más que el estrictamente necesario para no levantar alarma social.